El título de este post, me ha venido a la mente pensando una y otra vez sobre el por qué de mi "lentitud".
Se trata de una expresión francesa, que representa esa sensación de "podía que haberle dicho esto o aquello otro" cuando terminamos de hablar con alguien o sobre algo y nos damos cuenta de que hemos perdido una ocasión magnífica de decir algo que podíamos haber dicho. Dar una respuesta ingeniosa no está siempre al alcance de todos y cuando podíamos haberla dado y la ocasión se nos escapa, la sensación de frustración que nos acompaña de inmediato es bien desagradable. La expresión acuñada por Diderot, significa literalmente "el ingenio de la escalera", y surge en el siglo XVIII, cuando las casas de postín tenian la sala de recibir, los salones, en la planta superior, y allí era donde se reunían las tertulias, de manera que la frase hace referencia a cuando la frase brillante, la réplica ingeniosa, se nos ocurre cuando tras abandonar la sala, nos encontramos ya bajando la escalera para irnos.Cuando ya no sirve de nada lo que se nos ocurre por que ya no hay ocasión de decir nada más.
Hace escasos días, he tenido que finalizar algunas gestiones que me apartaban definitivamente de un proyecto, que se inició para mí con magníficas perspectivas, con ilusión y mucha entrega...y concluyó con escaso éxito.Con desmoronamiento por mi parte, con una sensación de fracaso inmenso, con dolor incluso, por qué no decirlo.
Y es entonces, y todavía ahora, cuando me vino a la mente esa sensación: l´esprit de l´escalier. El proyecto en cuestión implicaba directamente a otra persona, e indirectamente, a varias más, y quiero pensar que todos ellos, siendo excelentes personas como son, han sentido este fracaso de algún modo como propio, de corazón. Y a todos ellos me hubiera gustado decirles algo. Dejarles ver cómo algunas veces ni tu mejor voluntad, ni tu ímpetu, ni tu decisión, ni tu corazón, ni tu inteligencia... sirven de nada para salvar lo insalvable. Con cada una de esas personas hubiese mantenido una conversación muy larga.No brillante, necesariamente, pero sí larga. Largo ha sido el tiempo que he compartido con todos ellos, con lo cual, lógico me parece que tuvieramos una larga conversación. Llena de muchas preguntas y algunas respuestas al menos.
Pero eso ya no es posible. Y me quedo con mi sensación de fracaso, de vacío y de silencio. Sin esas últimas conversaciones, que por muchas razones (que respeto, pero no puedo compartir) ya no tendrán lugar.
Y recuerdo muchos, muchísimos planes, y recuerdo lugares, y viajes y comidas y reflexiones y libros y comentarios sobre todos los temas posibles, y risas, y también lágrimas, claro. Y recuerdo recuerdos, que son los que forjan el pasado que conforma el presente y de alguna manera moldean el futuro. Y lamento no haber dicho muchas cosas.Lamento mucho haber callado cuando no debía, y haber hablado cuando callar hubiera sido mejor, por más prudente.
Y lamento por encima de todo, que esa reflexión, brillante, ágil, oportuna y sobre todo sincera, no viniera en mi auxilio cuando debió aparecer. Nada tiene esto que ver con mi auto-estima, con mi sensación de ser más o menos inteligente, o con la gloria de dejar yo dicha la última palabra. Tiene que ver con la capacidad de hacerme perdonar por cosas muy concretas, de perdonar cosas muy específicas, de sanar heridas y quizás, de poder recomenzar.Quizá hoy estaría escribiendo otra historia.
Y casi todo lo que escribo, hoy cabe aqui: