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martes, 8 de mayo de 2012

La crisis de los 40


Mi cumple es en breve y con eso en mente, y sin otra razón aparente, me ha dado por pensar en que la crisis de los 40 (voy a por los 42 si nada ni nadie lo remedia) ha debido pasar por mi lado con cara de asco y se ha debido ir a por presas más estimulantes.

Yo no veo ninguna Aznarización en mi caso (más allá de una ligera tableta de chocolate en los abdominales, pero muy,muy ligera y un super pelazo, pero esto último ya venía de fábrica).

Que conste que ya estaba preparada mentalmente. Creo que es cierto eso de que a los 40 uno toma realmente conciencia de que es mortal y de que se va a morir. Un día.Mejor lejano, pero cada vez, más próximo. Que sí, que lo sabemos de siempre, pero ahora es mucho más evidente que a los veinte...

Ya se sabe que cada uno, toma estas cosas como buenamente puede con las herramientas emocionales que tiene a su alcance. Hay quienes simplemente pasan del tema, y otros que deciden "exprimir" el tiempo que les queda en una vertiginosa cuenta atrás que, generalmente, exige un deportivo nuevo, un buen lifting o unas tetas-misil y por qué no, un acompañante muuuucho más joven.

Y en esas andaba yo, pensando que parece que a mi, esto no me afecta.
Y sin embargo, y repensando el asunto, no puedo dejar de pensar que, en los últimos meses, muchas cosas han cambiado en torno a mi.

Por personalizar un poco (y sin que sirva de precedente), he perdido como casi diez kilos y sin necesidad de hacer dieta.

He pasado el invierno con vestidos de manga corta: yo, que en agosto, solía dormir con una colcha.

Me estoy entrenando para un triatlón en octubre en Barcelona: yo, que dejé de hacer deporte cuando terminaron las clases obligatorias en el instituto  y que en familia soy conocida como “la única de la clase que en el festival del colegio, a los seis años, en una exhibición deportiva, se negó a dar la voltereta para escarnio de sus padres…bueno, ella y el gordo al que le rozaban los muslos al andar”. Resulta que tengo abdominales (y se ven!!!). Añado que cuando mi madre supo que tengo un entrenador personal, le gritó a mi hermano "A tu hermana la han captado en una sectaaaaaaaaaaaaaaa". La muy cabrona...

He aprendido mucho sobre…un montón de cosas que no tienen nada que ver ni con mi profesión ni con mis aficiones más antiguas, y me resulta muy gratificante seguir manteniendo la curiosidad. En general.

He cambiado un poco (pero pocoooooooooo) mi color de pelo. Y ahora es más corto.

He decidido que me voy a ir, yo sola (bueno...con guías expertos!), en vacaciones, a hacer un trekking maravilloso y complicadísimo en mi bella Suiza: yo, que lo más intrépido que he hecho en mi vida ( lo profesional no cuenta) es coger un empacho comiéndome un kilo de helado de tutti frutti (que por cierto, casi me cuesta la vida...).

Y resulta que he llegado a la conclusión de que eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, es una patraña.

No se me han caído las tetas (todavía..), tengo el culo considerablemente más duro que hace por ejemplo cinco o diez años, soy bastante menos vulnerable a gilipolleces varias (no digo inmune, ya me gustaría a mí...pero hasta ahí no llego), valoro mucho más los gestos de los demás para conmigo (de cariño, de renuncia, de disculpa...en general, de todo) y creo que eso me hace un mejor ser humano ( sólo lo último: creo que cuando se me caigan las tetas, si llega ese horripilante momento, seguiré siendo una buena persona). No soy más lista (no creo que nunca llegue a ser "lista"), pero creo que, con el tiempo, he adquirido "cintura" (he dicho que tengo, literalmente, cintura de avispa? pues si!) y eso me ha hecho un pelín menos lerda y más tolerante. He aprendido que hay que mirar y ver bien el interior de los que te rodean, para decidir si quieres que te rodeen o no, no importa quienes sean; y que más te vale que ellos te hayan escogido precisamente por lo mismo, por tu interior. Que la familia sí se elige; la genética es otra cosa.También he aprendido que si alcanzas todas tus metas fácil y rápidamente, o las has puesto muy bajitas o lo estás haciendo a costa de otro. Y eso no mola. Mola el esfuerzo sano, porque incluso cuando no se recompensa externamente, te deja pulida por dentro y el buen sabor de boca no te lo quita nadie.He descubierto que "The long and winding road" es una gran metáfora de la vida. Y una canción muy chula, aunque parezca triste (como "Tears in Heaven"). Y que nunca hay que creerse todo lo que uno escucha, aunque lo escuche muchas veces. Y que se puede hablar sin abrir la boca, llorar sin lágrimas y abrazar a otra persona en la distancia. Y que cada vez, te importan más muy pocas personas y te importan menos muchas cosas. Y que me sigue sulfurando la prepotencia, el abuso, la grosería, la intolerancia y la rigidez mental, exactamente igual o más que hace veinte años: eso de que el paso del tiempo atempera el carácter, en este aspecto, tampoco me ha funcionado y lo cierto es que me gusta; y que cada vez me gusta más compartir mucho tiempo de calidad con cada vez menos gente...Y podría seguir así "hasta el infinito y más allaaaaaaaaaaaaa". Pero eso será otro día, otro post.

Ahí va la última:  también he aprendido que, haciendo dieta dos semanas, lo único que pierdes son 14 días, porque, queridos amigos, esto es una gran verdad (y una graaaaaaan metáfora vital): SIEMPRE QUEDA SITIO PARA EL POSTRE.O debería!

Y la banda sonora de este post, pues claro, es esta:



lunes, 23 de abril de 2012

Maestros que no riñen, amigos que no defraudan

El día del libro, desde que soy capaz de recordar, ha sido siempre especial para mi. En general, desde muy chica, siempre he tenido un apego casi enfermizo por cualquier ejemplar de letra impresa. Mi relación con el formato en papel tiene hasta un punto de fetichismo (sin exagerar...), y recuerdo como una de las experiencias más absurdas y dolorosas de mi vida el que un antiguo novio, despechado por mi marcha, decidiese quedarse con una colección espléndida de libros de filosofía sólo por fastidiar (él era ingeniero de caminos y no tenía ningún interés en estas materias), muchísimos de los cuales no he podido recuperar, más de diez años después, por estar descatalogados.
Vamos, que me gusta leer como pocas otras cosas (que sí, que las hay...) y que como objeto, son tan parte de mi casa como el techo o las paredes: no me encuentro sin ellos.
Hoy, por razones bien distintas, una debida al azar y otra a mi (estúpida) buena memoria, este día me ha traído a la mente a una persona que forma parte de mi pasado, pero que hoy ha estado (está) muy presente.
El factor azar ha traído hasta mi este artículo, titulado El que tuvo, retuvo: por qué los ex siempre vuelven; y no he podido dejar de pensar que, aunque no estoy en absoluto de acuerdo con la tesis del artículo, ya es casualidad que tal día como hoy, en que yo me levanto pensando en esa persona, se tiene que publicar este artículo.

Hasta aquí el factor azar.

Ahora viene el de la buena( y absurda!!!) memoria. Mi ex pareja y yo podríamos decir que eramos muy afines en cuestiones culturales. Le reconozco sin lugar a dudas un lugar privilegiado entre las personas que más he admirado, culturalmente hablando. Tanto que, honestamente, no creo que vuelva a conocer a nadie que pueda superar ese umbral. Una persona con una capacidad desmedida para aprender (en su caso,  como decía Churchill "Siempre tengo ganas de aprender, pero no siempre de ser enseñado"), con una curiosidad extraordinaria...aún recuerdo cómo me quedé absorta mirándole cómo contemplaba semi extasiado, unos mejillones pegados a una roca, en Noruega, cuando bajaba la marea y quedaron expuestos: se acercó a tocarlos con la curiosidad de un niño y se quedó contemplando aquello como si fuese el techo de la capilla Sixtina. La explicación fue tan simple como compleja su mente.Nunca lo había visto al natural, y sintió curiosidad. Pocos rasgos me parecen más atractivos en una persona que este.
Sencillamente fantástico.
Sorprendente tratándose de una persona que tiene en su haber una trayectoria académica de impresión, con títulos de prestigio en varios de los seis idiomas que habla, o tantas publicaciones científicas que catalogarlas le ocupaba varios folios...vamos, que no hablamos de un tonto precisamente.
No nos entendimos por otros factores, muy determinantes en nuestra ruptura, que no hacen al caso, pero culturalmente, sin duda marcó un antes y un después en mi vida que echaré por siempre en falta. A cada uno, lo suyo.

Y todo esto, viene por que aprovechando el día del libro, he dedicado mi hora de comer a tomar al asalto La Casa del Libro y rendir la VISA a la evidencia de que me gusta como pocas cosas almacenar libros; libros que se acumulan para leerse con fruición ni se sabe cuando; cuya sola presencia, alegra mi casa y no pocas veces, a mi misma cuando más lo necesito...Bueno, pues en esas estaba yo, cuando mientras caminaba con mi pila de libros por los pasillos de la Casa del Libro, recordaba cómo nos podíamos pasar las horas muertas deambulando por entre las distintas estanterías, cruzándonos mientras nos enseñábamos el uno al otro los libros que ya habíamos elegido y separándonos inmediatamente a la búsqueda de más...y así, durante horas... para luego juntarnos en la caja registradora, salivando como los perros de Pavlov ante la expectativa de llegar a casa para mostrarnos con calma las respectivas adquisiciones.

Yo no sé por qué, pero me da que hoy es uno de esos días en que una debe darse a la nostalgia, por que sí, por que todo apunta a eso y por que, de qué te va a servir resistirte...y sobre todo, por qué no: es la ventaja que tiene tener un blog cuya existencia ninguno de tus conocidos, conoce. Liberador, por que tiene algo de terapéutico, te permite escribir con ese punto de candidez que te da el saber que tu desahogo es sincero ( a ver quién me lo discute...por eso lo de que hay que ser cándida!!), que no va a llegar a los oidos del aquí mencionado, que no busca una respuesta en absoluto y que caramba, este es mi blog y puedo decir lo que quiera!!! Al fin y al cabo, es todo cierto.

Echo de menos esa complicidad mental, esa conexión cultural. Su inteligencia, en definitiva. Es como saber que ya nunca vas a volver a tener esa conexión con nadie más. La nostalgia, la nostalgia...inmediatamente vendrían muchas razones, dolorosas, a mi mente para no tener nostalgia...pero bueno...el tiempo restaña muchas cosas, y me permito, muy ocasionalmente estos "ataques" de melancolía buena.

Y hoy, la banda sonora de este post, la que mejor describiría con música qué me pasa por dentro el Día del Libro, suena así:




Por cierto, los libros que han caído son: Los judíos (Jesús Mosterín), Los cristianos (Jesús Mosterín), La conquista de la felicidad (Bertrand Russell), El mono desnudo (Desmond Morris) Viajes con Herodoto (Ryszard Kapuscinski), Josué y sus Hermanos (Thomas Mann) y una fantástica reedición de En la carretera (Jack Kerouac).
Feliz Día del Libro para todos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

L´esprit de l´escalier

Últimamente, estoy lenta.Sí. Paso por ser una persona más bien ágil verbalmente (con lo que eso puede suponer de agilidad mental paralela) pero lo cierto es que debo estar en horas bajas. Bueno, no me quiero ir del tema. Ocurre que, con mayor frecuencia de lo habitual, me parece que mis respuestas ya no son nada, pero nada ágiles. Y eso, en mi profesión es cuanto menos es un problema.
El título de este post, me ha venido a la mente pensando una y otra vez sobre el por qué de mi "lentitud".
Se trata de una expresión francesa,  que representa esa sensación de "podía que haberle dicho esto o aquello otro" cuando terminamos de hablar con alguien o sobre algo y nos damos cuenta de que hemos perdido una ocasión magnífica de decir algo que podíamos haber dicho. Dar una respuesta ingeniosa no está siempre al alcance de todos y cuando podíamos haberla dado y la ocasión se nos escapa, la sensación de frustración que nos acompaña de inmediato es bien desagradable. La expresión acuñada por Diderot, significa literalmente "el ingenio de la escalera", y surge en el siglo XVIII, cuando las casas de postín tenian la sala de recibir, los salones, en la planta superior, y allí era donde se reunían las tertulias, de manera que la frase hace referencia a cuando la frase brillante, la réplica ingeniosa, se nos ocurre cuando tras abandonar la sala, nos encontramos ya bajando la escalera para irnos.Cuando ya no sirve de nada lo que se nos ocurre por que ya no hay ocasión de decir nada más.
Hace escasos días, he tenido que finalizar algunas gestiones que me apartaban definitivamente de un proyecto, que se inició para mí con magníficas perspectivas, con ilusión y mucha entrega...y concluyó con escaso éxito.Con desmoronamiento por mi parte, con una sensación de fracaso inmenso, con dolor incluso, por qué no decirlo.
Y es entonces, y todavía ahora, cuando me vino a la mente esa sensación: l´esprit de l´escalier. El proyecto en cuestión implicaba directamente a otra persona, e indirectamente, a varias más, y quiero pensar que todos ellos, siendo excelentes personas como son, han sentido este fracaso de algún modo como propio, de corazón. Y a todos ellos me hubiera gustado decirles algo. Dejarles ver cómo algunas veces ni tu mejor voluntad, ni tu ímpetu, ni tu decisión, ni tu corazón, ni tu inteligencia... sirven de nada para salvar lo insalvable. Con cada una de esas personas hubiese mantenido una conversación muy larga.No brillante, necesariamente, pero sí larga. Largo ha sido el tiempo que he compartido con todos ellos, con lo cual, lógico me parece que tuvieramos una larga conversación. Llena de muchas preguntas y algunas respuestas al menos.
Pero eso ya no es posible. Y me quedo con mi sensación de fracaso, de vacío y de silencio. Sin esas últimas conversaciones, que por muchas razones (que respeto, pero no puedo compartir) ya no tendrán lugar.
Y recuerdo muchos, muchísimos planes, y recuerdo lugares, y viajes y comidas y reflexiones y libros y comentarios sobre todos los temas posibles, y risas, y también lágrimas, claro. Y recuerdo recuerdos, que son los que forjan el pasado que conforma el presente y de alguna manera moldean el futuro. Y lamento no haber dicho muchas cosas.Lamento mucho haber callado cuando no debía, y haber hablado cuando callar hubiera sido mejor, por más prudente.
Y lamento por encima de todo, que esa reflexión, brillante, ágil, oportuna y sobre todo sincera, no viniera en mi auxilio cuando debió aparecer. Nada tiene esto que ver con mi auto-estima, con mi sensación de ser más o menos inteligente, o con la gloria de dejar yo dicha la última palabra. Tiene que ver con la capacidad de hacerme perdonar por cosas muy concretas, de perdonar cosas muy específicas, de sanar heridas y quizás, de poder recomenzar.Quizá hoy estaría escribiendo otra historia.
Y casi todo lo que escribo, hoy cabe aqui:


martes, 25 de octubre de 2011

Rectitud o rigidez, justicia y prudencia

  En algunas ocasiones, los asuntos complicados de manejar, se nos acumulan y crecen, como si les echasen levadura. Hoy he tenido que lidiar con uno de esos asuntos. He pasado los último días pensando si lo resolvía hoy o lo posponía para más adelante. Valoraba la posibilidad de aportar una documentación, relativamente valiosa, al juicio en el cual dirimía un impago con el que me obsequiaba la madre de una ex amiga de toda la vida.
Aquí, reflexiones a priori, salen mil. Que a los amigos no hay que mezclarlos con el dinero. Que los asuntos profesionales hay que tratarlos despojados de consideraciones sentimentales. Que la familia es lo primero (y empezamos a contar por la nuestra).Mil, vaya.

Mi posición de partida era bastante clara: trabajé dirimiendo un asunto para esta señora durante dos años. Por el hecho de tratarse de la madre de una muy buena amiga, mi implicación personal superó con mucho lo exigible de un profesional al uso. Finalmente, pude además obtener para ella lo que me encargó que le consiguiera. Cuando le puse sobre la mesa los honorarios que, con carácter de mínimos, señalaba el Colegio de Abogados de nuestra ciudad, se negó en redondo a pagar nada. Nada. No es que le pareciese mucho y quisiera negociar a la baja, no. Es que no quería pagar nada.

En la medida en que me parecía un atropello y que mi relación con su hija era muy estrecha, de una amistad muy antigua y muy valiosa para mi, decidí acudir a ella, a su hija, para que recondujese la situación que, injustamente, me planteaba su madre. La respuesta que obtuve fue "haz lo que tengas que hacer". Colgando el teléfono y con esa frase, puso fin a más de veinte años de amistad, como el que lava... A día de hoy, todavía no lo comprendo.
Hoy hemos tenido el juicio en el cual yo reclamaba mis honorarios y la madre de mi amiga, era demandada. Mi amiga venía como testigo. Y aquí viene lo bueno. Es evidente que, como hija, ella tenía un interés obvio en que su madre resultase ganadora del litigio ( y digo obvio por que es evidente que ningún interés tenía por hacer las cosas bien, por comportarse de forma leal y por corregir, hasta donde pudiese, una postura equivocada de su madre). Y ha mentido. Y resulta que yo puedo acreditar que ha mentido, aunque ella no lo sabe. Esos documentos a los que hacía referencia anteriormente, son una serie de correos que conservo guardados desde hace tiempo, impresos. En ellos, mi ex amiga (qué término tan ridículo), reconoce que efectivamente su madre me contrató a instancias suyas, que ella es la interlocutora con la que yo debo entenderme (ya que su madre no estaba bien de salud, concretamente de salud mental y ella además de su hija es médico de profesión), que el encargo consistía en obtener cosas concretas para su madre a las que de ninguna manera quería renunciar. En el juicio ha negado todo esto. Todo esto que puedo acreditar documentalmente. Por razones que no hacen al caso, no he podido aportar hoy mismo estos documentos, pero el caso es que existen y si los saco a la luz, las consecuencias pueden ser graves para ella.

Hago un inciso aquí para explicar qué es la figura del falso testimonio. Este es un delito que consiste en faltar a la verdad, es decir, mentir, si esto se hace dentro de un proceso judicial. Para cometerlo es preciso que el culpable, el que miente, sea consciente de que lo está haciendo: la ley no busca castigar a quien se equivoca o a quien interpreta a su favor la realidad con más o menos flexibilidad. Lo que se persigue es castigar a quien, a conciencia, decide mentir en un juicio con la intención de perjudicar a una de las partes implicadas en ese mismo juicio. Este es claramente el caso.

El problema en este tipo de casos suele ser cómo demostrar que el testigo miente. En múltiples ocasiones, el castigo de este delito no llega a darse por que no se puede demostrar con fehaciencia que el implicado mintió. Se sabe, el convencimiento puede existir, pero, hablando de delitos, lo que no puede demostrarse sin género de dudas, no existe.

Surge ahora un dilema no sé si decir moral. Es comprensible, es humano entender la posición de la hija que defiende la postura de su madre (por más que yo no comparto en absoluto el axioma de que hay personas a las que se debe fe ciega y apoyo permanente a toda costa; lo que está mal, está mal, independientemente de quién lo haga), pero, ¿justifica eso que se pueda perjudicar a un ciudadano (dejemos de personalizar, sea quien sea el ciudadano) que tiene derecho a que le hagan justicia y le reconozcan lo que legalmente le corresponde, mintiendo abiertamente, con comportamientos ilegales?

El dilema está en mi mano. Los documentos que conservo la convierten en autora de un delito de falso testimonio. Emplearlos, supone reforzar mi posición en el juicio (en donde han llegado, madre e hija, a negar incluso que me hubieran contratado), posiblemente suponga la estimación al completo de mi reclamación, que dicho sea de paso, es de una cuantía importante; pero al tiempo, eso supone que la procesen a ella, a la ex amiga, como responsable de un delito de falso testimonio.

El dinero nunca ha sido un objetivo relevante para mi. He llegado a extremos casi absurdos por despreocupación. Recuerdo un caso concreto, donde un cliente me extendió un cheque por una cantidad tal que me permitió comprarme un buen coche, pagarme un master en una institución de mucho prestigio, pasarme un año sin trabajar haciendo el master, y viajando a Inglaterra todos los fines de semana durante cuatro meses por razones familiares. Lo que viene siendo un pastón. Bien. Ese cheque estuvo apoyado en un taquillón de mi salón durante más de un mes. Para desesperación de mi entorno que no comprendía por qué no lo cobraba de inmediato. Nunca he sentido delirio por la pasta.No soy asceta, casi soy el opuesto, pero no me pierdo por el dinero. Hecho este inciso, sigo. 

Sin embargo, sí es cierto que desde que era muy, muy niña, he sentido auténtica cólera ante cualquier comportamiento abusivo e injusto. Me revelaba contra quien fuese desde que llevaba coletas. Las consecuencias a veces eran cómicas (era de risa ver a una enana con los brazos en jarra poniendo en solfa la autoridad más cercana) y otras trágicas (cobraba y no en vil metal...). La cosa se mantiene hasta hoy. No busco dinero, pero sí me gustaría que la realidad de lo ocurrido se ponga sobre la mesa. Que yo trabajé para ellas con tesón, con cariño, con interés personal por ayudarlas, con rigor y finalmente, con éxito. Ahora bien, el coste de esa salida a la superficie de la verdad, pueden ser graves. Libre consecuencia de un acto a su vez libre: que no hubiese mentido y no habría consecuencias, pero ¿merece la pena?

La cuestión se adoba con el recuerdo de su testimonio. Se encontraba tan violenta mintiendo abiertamente delante de mi, que por momentos parecía que iba a llorar de rabia, empleaba un tono de voz teatral, impropio, muy impropio de ella, remarcando artificialmente cada frase...afloraban en mi los famosos sentimientos contradictorios. Por un lado me daba lástima verla así, pasándolo mal; por otro, entendía que es una adulta, libre de comportarse como mejor le parezca tras evaluar sus posibilidades. Y libremente ha decidido mentir, caray!

Sólo cuestiones de logística han impedido que en el propio acto del juicio esos documentos salgan a la luz. De hecho, pensé en aplazar el juicio hasta tener los documentos físicamente en mi poder, y finalmente, opté por poner algo de paz en mi cabeza y cerrar cuanto antes este capítulo desagradable y doloroso. Sin embargo, mi oportunidad sigue ahí, como siguen ahí los documentos que acreditan que ha mentido.
Hay que perdonar a quien una vez se quiso mucho, a cualquier coste? La caridad bien entendida, empieza por uno mismo? Es la justicia el valor que debe primar en todo esto? Lo es la generosidad o la prudencia?  Hay conflictos que merece la pena cerrar aunque ello suponga perder algo que consideramos valioso en el camino o debemos mantener nuestra verdad a toda costa?

Como colofón a todo esto, una comida familiar en un lugar delicioso, Vuelve Carolina, donde hemos tenido ocasión de conocer a un magnífico chef , Quique Dacosta, de dos estrellitas Michelín, que se ha prestado entre otras cosas a hacerse una foto con nosotros. Me dio qué pensar: a la comida solo estaba convocada mi madre, y han acabado por venir dos personillas más. Una sorpresa deliciosa. Lo hemos pasado bien. Al pagar la cuenta (yo invitaba) me preguntaba, para qué sirve el dinero si no es para disfrutarlo en compañía de la gente que quieres (guardo poco, la verdad…) y aún más, ¿disfrutaría de estas pequeñas cosas sabiendo que le he causado tanto daño a mi amiga, o a otra persona en general? Que sí, que se ha puesto la soga al cuello solita, pero…Por naïf que parezca, me quita el sueño.


Ahí queda la cosa, al menos por hoy. Veremos cómo termina esto. En mi próxima reencarnación me pido tener los escrúpulos extirpados de serie.

lunes, 24 de octubre de 2011

Va por ustedes!!!

Esta es una foto que pretende ser alegórica.Está hecha este mismo verano, sobre San Juan.El lugar, cuyo nombre me reservo por que no quisiera encontrarlo lleno la próxima vez que pueda ir, está en Suiza. El camión entra a buena velocidad en Suiza, desde Italia. Como entro yo ahora en el virtuoso mundo virtual. Si hay un lugar realmente especial para mí, por muchas cosas, está en algún lugar de estas montañas. No en Suiza, no.Aqui, en esta parte específica de su mapa.Sigue siendo cierto que regresar a Hawaii es mi sueño recurrente, pero...Suiza siempre tendrá un lugar muy preferente dentro de mi cabeza, de mi corazón y por qué no decirlo, de mi estómago.
Emprendo esta aventura sin mucho convencimiento, animada a posteriori por una persona que ya no tengo a mi lado y que en su día insistió mucho en que volcase mis reflexiones, mis majaderías, mis extraños puntos de vista, mis vivencias...en la red. Yo sigo pensando que no tengo mucho que revelar, pero bueno... Ustedes decidirán.

Al hilo de todo esto, la noticia del día con mi reflexión: ha fallecido el maestro Chenel, Cristina Fernandez de Kirchner se apoltrona por cuatro años más en su sillón, la Señora Merkel anuncia que el fondo de estabilización europea superará el billón de euros con una quita a Grecia de entre el 50 y el 60%...y dirán ustedes que, menudo día para estrenarse. Y sería cierto.Como casi todos los días de los últimos años, en los que me sorprendo hablándole (??) al telediario varios decibelios por encima de su propia voz. Pero hoy hay algo que me devuelve la confianza en el ser humano con la toga puesta. (En mi descargo diré que esto es siempre temporal, y que la vuelvo a perder rápido, rápido, con su inestimable ayuda). Hoy hemos sabido que un grupúsculo de ciudadanos que no deberán tener ningún conocimiento profesional sobre el mundo del derecho, van a decidir si el Señor Camps y el Señor Costa son o no son culpables de cohecho. Un jurado de ciudadanos, de iguales, de españolitos de infantería (que diría mi admirado Pérez Reverte), que no necesitan más que ser eso, españoles, mayores de edad, razonablemente pertrechados de uso de razón y entereza física, y en pleno ejercicio de sus derechos políticos, van a decidir sobre si cometieron cohecho o no.

Para aquellos de ustedes que desconozcan el término, el cohecho es un tipo de delito que, en este caso, cometen los que ocupando una posición pública, aprovechan la misma para poner el cazo, dicho en román paladino. Reciben o solicitan favores, no sólo dinerarios, a cambio de realizar actos que saben que son contrarios a sus obligaciones o a cambio de no realizar o retrasar lo que sí deben hacer , precisamente por el cargo que ocupan.
Que esta figura la cometa un político, elegido entre sus pares, tiene un par. Y disculpen la facilidad del chiste. Quienes debían ser los mejores garantes de que este tinglao jurídico se mantiene incólume, se refuerza a diario y se nutre de comportamientos honorables (sabían ustedes que el presidente de la Generalitat Valenciana ostenta el título de "Muy Honorable Presidente"?), al cometer este delito se convierten en la quinta columna podrida de nuestra Constitución. Destruyen el sistema atacando la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, y eso es un viaje de dudoso retorno una vez se inicia.
Por eso hoy, el hecho de que se haya hecho público que ambos dos, el señor Camps y el señor Costa, se sentarán en el banquillo (y sí, la pena de banquillo existe, pero no es el caso: estos están muy bien sentados en él) me devuelve la sonrisa, y algo, la fe en mis mayores. Esto ya no tiene retorno. Podrán salir indemnes del juicio oral (que lo dudo, apunten la profecía), pero ya nada podrá borrar la hermosa noticia de que, quienes han querido hacer del mal uso su autoridad un cortijo, se sientan en la banqueta a esperar que los desheredados, les declaren culpables o no. Por que ellos serán los que decidan si sí o si no; luego vendrá el magistrado a decir qué pensa conlleva eso, si son culpables. Pero la valoración desnuda, la darán ellos. Un magnífico profesor mío de Derecho nos decía a sus alumnos en una ocasión: "Cuando tengáis dudas de si una ley es buena o no, explicádsela, desprovista de términos jurídicos, a una persona de la calle, eso sí: con sentido común: Si os dice que es una mierda, no lo dudéis.Es que será una mierda". No se equivoquen, este señor no tenía nada de zafio, era todo un "bolonio" (de los buenos del Colegio Español de Bolonia) y estaba más cargado de razón que un santo. Sobre la ley, sobre su interpretación, nadie mejor que los ciudadanos que están llamados a cumplirla y en este caso, a hacerla cumplir. Y en este caso, como último recurso, revolviéndose contra aquellos que juraron (o prometieron, sí lo mismo da, aunque técnicamente se llame jurar el cargo) defender el sistema constitucional frente a cualquier agresión y aprovechan la falta de vigilancia sobre ellos para pisar por encima de la hierba que plantamos entre todos.Hasta hoy. Hasta que la ciudadanía echa una raya en el suelo y recuerda a sus gestores, que su cargo es temporal, al servicio de los demás, y que las cuentas o son claras o no son. Y si no son, al banquillo.A dar explicaciones que más les vale que sean muy convincentes. En nuestro sistema penal, las garantías que deben observarse para llegar al juicio oral son exhaustivas. Que nadie crea que cualquiera puede verse injustamente acusado así como así. Aunque alguna prensa diga otra cosa. No digo que no suceda (que llevo mucho visto y desde bien adentro), digo que es extraordinario por infrecuente. Como afortunadamente es infrecuente que un Honorable se siente en el banquillo acusado de haberse dejado comprar, con su segundo de a bordo a su vera. Afortunadamente ahi están sus conciudadanos para exigirle explicaciones.

Ellos, que son católicos confesos, no habrán dejado de observar que su proceso comienza el día de la Virgen de Guadalupe. A la que se le cantan las famosas "mañanitas", esas que dicen aquello de "ya viene amaneciendo, ya la luz del día nos dio". Será hermoso ver ese destellito de luz entre tanta miseria.

Tiene algo de lírico, no me digan que no. En días como hoy, me devuelven un instante la sonrisa.