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lunes, 23 de abril de 2012

Maestros que no riñen, amigos que no defraudan

El día del libro, desde que soy capaz de recordar, ha sido siempre especial para mi. En general, desde muy chica, siempre he tenido un apego casi enfermizo por cualquier ejemplar de letra impresa. Mi relación con el formato en papel tiene hasta un punto de fetichismo (sin exagerar...), y recuerdo como una de las experiencias más absurdas y dolorosas de mi vida el que un antiguo novio, despechado por mi marcha, decidiese quedarse con una colección espléndida de libros de filosofía sólo por fastidiar (él era ingeniero de caminos y no tenía ningún interés en estas materias), muchísimos de los cuales no he podido recuperar, más de diez años después, por estar descatalogados.
Vamos, que me gusta leer como pocas otras cosas (que sí, que las hay...) y que como objeto, son tan parte de mi casa como el techo o las paredes: no me encuentro sin ellos.
Hoy, por razones bien distintas, una debida al azar y otra a mi (estúpida) buena memoria, este día me ha traído a la mente a una persona que forma parte de mi pasado, pero que hoy ha estado (está) muy presente.
El factor azar ha traído hasta mi este artículo, titulado El que tuvo, retuvo: por qué los ex siempre vuelven; y no he podido dejar de pensar que, aunque no estoy en absoluto de acuerdo con la tesis del artículo, ya es casualidad que tal día como hoy, en que yo me levanto pensando en esa persona, se tiene que publicar este artículo.

Hasta aquí el factor azar.

Ahora viene el de la buena( y absurda!!!) memoria. Mi ex pareja y yo podríamos decir que eramos muy afines en cuestiones culturales. Le reconozco sin lugar a dudas un lugar privilegiado entre las personas que más he admirado, culturalmente hablando. Tanto que, honestamente, no creo que vuelva a conocer a nadie que pueda superar ese umbral. Una persona con una capacidad desmedida para aprender (en su caso,  como decía Churchill "Siempre tengo ganas de aprender, pero no siempre de ser enseñado"), con una curiosidad extraordinaria...aún recuerdo cómo me quedé absorta mirándole cómo contemplaba semi extasiado, unos mejillones pegados a una roca, en Noruega, cuando bajaba la marea y quedaron expuestos: se acercó a tocarlos con la curiosidad de un niño y se quedó contemplando aquello como si fuese el techo de la capilla Sixtina. La explicación fue tan simple como compleja su mente.Nunca lo había visto al natural, y sintió curiosidad. Pocos rasgos me parecen más atractivos en una persona que este.
Sencillamente fantástico.
Sorprendente tratándose de una persona que tiene en su haber una trayectoria académica de impresión, con títulos de prestigio en varios de los seis idiomas que habla, o tantas publicaciones científicas que catalogarlas le ocupaba varios folios...vamos, que no hablamos de un tonto precisamente.
No nos entendimos por otros factores, muy determinantes en nuestra ruptura, que no hacen al caso, pero culturalmente, sin duda marcó un antes y un después en mi vida que echaré por siempre en falta. A cada uno, lo suyo.

Y todo esto, viene por que aprovechando el día del libro, he dedicado mi hora de comer a tomar al asalto La Casa del Libro y rendir la VISA a la evidencia de que me gusta como pocas cosas almacenar libros; libros que se acumulan para leerse con fruición ni se sabe cuando; cuya sola presencia, alegra mi casa y no pocas veces, a mi misma cuando más lo necesito...Bueno, pues en esas estaba yo, cuando mientras caminaba con mi pila de libros por los pasillos de la Casa del Libro, recordaba cómo nos podíamos pasar las horas muertas deambulando por entre las distintas estanterías, cruzándonos mientras nos enseñábamos el uno al otro los libros que ya habíamos elegido y separándonos inmediatamente a la búsqueda de más...y así, durante horas... para luego juntarnos en la caja registradora, salivando como los perros de Pavlov ante la expectativa de llegar a casa para mostrarnos con calma las respectivas adquisiciones.

Yo no sé por qué, pero me da que hoy es uno de esos días en que una debe darse a la nostalgia, por que sí, por que todo apunta a eso y por que, de qué te va a servir resistirte...y sobre todo, por qué no: es la ventaja que tiene tener un blog cuya existencia ninguno de tus conocidos, conoce. Liberador, por que tiene algo de terapéutico, te permite escribir con ese punto de candidez que te da el saber que tu desahogo es sincero ( a ver quién me lo discute...por eso lo de que hay que ser cándida!!), que no va a llegar a los oidos del aquí mencionado, que no busca una respuesta en absoluto y que caramba, este es mi blog y puedo decir lo que quiera!!! Al fin y al cabo, es todo cierto.

Echo de menos esa complicidad mental, esa conexión cultural. Su inteligencia, en definitiva. Es como saber que ya nunca vas a volver a tener esa conexión con nadie más. La nostalgia, la nostalgia...inmediatamente vendrían muchas razones, dolorosas, a mi mente para no tener nostalgia...pero bueno...el tiempo restaña muchas cosas, y me permito, muy ocasionalmente estos "ataques" de melancolía buena.

Y hoy, la banda sonora de este post, la que mejor describiría con música qué me pasa por dentro el Día del Libro, suena así:




Por cierto, los libros que han caído son: Los judíos (Jesús Mosterín), Los cristianos (Jesús Mosterín), La conquista de la felicidad (Bertrand Russell), El mono desnudo (Desmond Morris) Viajes con Herodoto (Ryszard Kapuscinski), Josué y sus Hermanos (Thomas Mann) y una fantástica reedición de En la carretera (Jack Kerouac).
Feliz Día del Libro para todos.

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